La palabra atención se puede definir como la capacidad de aplicar voluntariamente a un objeto, es decir, tener algo en cuenta en consideración. Hablaremos de distintos tipos de atención:
Existe la atención selectiva, la atención focalizada, la sostenida y la dividida.
Atención selectiva
La atención selectiva implica filtrar los estímulos que nos rodean para centrarnos en la información que nos interesa. Un clásico ejemplo da cuando estamos en cualquier situación social en la que se producen varias conversaciones simultáneamente, pero solo atendemos a una de ellas.
Aunque algunos estudios experimentales han demostrado cierta influencia del envejecimiento en la capacidad de atención selectiva. La dificultad para llevarla a cabo se reduce cuando las personas mayores tienen experiencia previa en lo que se busca y con lo que se actúa de distractor.
En el ejemplo antes expuesto, si son los abuelos quienes van a recoger al nieto a la llegada de la excursión, les será más fácil localizarlo si saben la chaqueta que usa y conocen a algunos compañeros de su clase que si no disponen de dicha información.
Atención focalizada
Esta forma de atención implica concentración. Sabemos dónde va a aparecer el objetivo, aunque también hay información distractora que debemos ignorar. Requiere de la atención focalizada, ya que sabemos dónde está el objetivo.
Este tipo de atención requiere mantener la atención focalizada durante un periodo de tiempo más o menos largo. Por ejemplo, un trabajador en una distribuidora de fruta cuyo trabajo consiste en retirar todas las manzanas dañadas de entre las que, por una cinta transportadora, van pasando por delante de él.
Es más, a veces lo hacemos tan bien, nos centramos tanto en una actividad que no nos enteramos de nada de lo que está sucediendo a nuestro alrededor: no oímos el teléfono, no nos percatamos de que ha empezado un programa televisivo que nos gusta, incluso puede que no advirtamos que nos están llamando y deban hacerlo insistentemente para que reaccionemos.
Atención dividida
La atención dividida es la capacidad de atender a más de una cosa simultáneamente. Dividir y alternar la atención se complementan, y por ello se presentan juntas, ya que para atender a dos o más cosas a la vez, normalmente se alterna entre centrar la atención en una y otra cosa. Un ejemplo sería hacer punto y mirar la televisión. La atención puede estar realmente dividida.
Existen muchas actividades que realizamos en nuestra vida cotidiana que no requieren de atención o esfuerzo y que, por tanto, nos facilitan realizar alguna otra cosa al mismo tiempo. Es lo que denominamos procesos automáticos y que, especialmente cuando han sido adquiridos en la infancia y en la juventud, se mantienen intactos en las edades avanzadas. Son ejemplos de procesos automáticos la lectura y la escritura, o, cuando se sabe mecanografía, el teclear sin mirar.