De la soledad se han escrito muchas cosas, todos en alguna etapa de nuestra vida hemos sentido esa soledad, incluso estando acompañados a veces nos sentimos solos, o más bien incomprendidos.
“Cuando nadie te alienta, lo único que queda es respirar para ti mismo y dejar de ser un desvalido»
Pero no me negarán que el ser humano también necesita de vez en cuando un rato de soledad, desde luego positiva, de meditación… Esos momentos relajados cuando brota la clarividencia, es cuando nuestros mayores sueños vuelan por intrincados senderos. Nadie nos estorba, nadie deshace el mágico momento, ese intensísimo instante que nos hace sentirla verdadera felicidad de estar completamente en paz con nosotros mismos, una sensación de auténtica libertad, nada nos condiciona y no hemos de fingir… Ese trance introspectivo que sirve de nexo, sin intermediarios, con los dioses, de la creatividad.
Podemos percibir atentamente el canto de los pájaros o el croar de las ranas a la orilla del rio mientras contemplamos el reflejo del sol mirándose en la cantarina agua, o escuchar una hermosa sinfonía, aunque sea cobijado en el automóvil estacionado a los cuatro vientos en cualquier paraje solitario.
Pero cuando uno es joven el periodo de soledad lo percibimos como algo pasajero, y nos planteamos objetivos para superar ese periodo, salir más, ir al cine, conocer a gente, hacer diversas actividades etc… Me planteo esta soledad unida a la esperanza.

Sin embargo con la edad, la soledad de la persona mayor va más unida al miedo. La esperanza se desvanece.
Esa casa que siempre estuvo llena, con la presencia de la pareja, de los hijos, y ahora solo se ve en ella las paredes, las tristes y solas paredes, y yo, yo con la casa. Ese sentimiento de sentir que abres la puerta y estás sola, no hay nadie esperando la cena, ni esperando que le ayudes con los deberes…
En esta etapa la soledad, nos toca en los peores momentos de nuestra vida, cuando por lo general nos sentimos más desvalidos. La viudedad, las enfermedades, los problemas económicos todo esto hace que en esta etapa nos encontremos con personas con depresión, pero como nunca han ido al psicólogo les cuesta trabajo hablar y desahogarse. La solución que se les ofrece es tomar pastillas cosa que a veces empeora sus cuadros médicos. En esta etapa es cuando más necesitamos la ayuda de los demás.
Dicen que la soledad es mala compañera de viaje.
Ciertamente es muy triste encontrarse solo. Expresa un viejo aforismo: No es bueno que el hombre esté solo… Sin duda que el retraimiento y encerarse en si mismo empeora la sensación de soledad.
La soledad en esta etapa es casi siempre consecuencia del aburrimiento, de la apatía, la energía acumulada permanece aletargada, necesita aflorar y desarrollarse, entregarse a los demás. Incluso aparecen sin quererlo sentimientos sombríos que allanan una actitud negativa ante el porvenir. El hastío se apodera de la persona negándole toda actitud optimista, todo está mal, todo es negro, no hay arreglo positivo.
Se trata de la típica figura metafórica del vaso medio lleno o medio vacío.
La muerte de nuestros seres queridos en esta etapa, agudiza más la sensación de soledad y vacío.
Mirando el lado positivo y la forma de superación de esta etapa. Comentamos que los recuerdos, la religión y la familia son los grandes pilares que nos quedan en esta etapa. También el sentido del humor ayuda a sentirme mejor. Podemos permitirnos ser todos lo que somos y sentir todo lo que sentimos, estamos capacitados para ejercer el libre albedrío sin ninguna reserva…, no tenemos cerca a nadie que nos contradiga, que critique nuestra actitud…, un verdadero lujo.
Siempre estamos creciendo y poder en esta etapa difícil de nuestra vida superar los vaivenes de la soledad, me ayuda a crecer como persona.
“No están jamás solos los que están acompañados de nobles pensamientos.”